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Fin de semana eléctrico por Santander: ¿Más de 1.000 km en un Nissan Leaf sin morir en el intento?

Tras llegar a Santander, como os contamos, decidimos recorrer el paraíso cántabro en un Nissan Leaf. Y hacer este viaje, como veréis, no fue sencillo.

Una vez superado con éxito “relativo” el viaje de ida en un Nissan Leaf, tocaba reponer fuerzas y acometer un prometedor (por el tiempo) fin de semana a orillas del Mar Cantábrico.

Lo primero que hay que hacer cuando programamos un viaje en coche eléctrico es saber dónde alojarse. Pocos son los hoteles en España que, en este 2019, disponen de un wallbox en toda regla con suficiente velocidad de carga como para llenar en una noche un coche eléctrico. Nuestro Leaf no es muy gastón y, como su batería es más bien pequeña (para los tiempos que corren), esto no debería ser un problema. Rellenar 40 kWh no es lo mismo que cargar a tope, por ejemplo, un Audi e-Tron, de nada menos que 95 kWh brutos. 

Las opciones eran tan pocas en el entorno de Laredo (Santander) que no tardamos demasiado en dar con nuestro hotel. Básicamente, se reducían a tres en un radio de 50 km. Uno de ellos estaba cerrado, el otro solo disponía de unos enchufes schuko (el de toda la vida, si quieres saber más sobre tipos de cargadores, te lo contamos hace tiempo) adornado con una cajita muy bonita pero sin ningún poder de recarga real.

Así las cosas, dimos con un antiguo palacete rehabilitado como hotel de lujo. Parece que lo que nos ahorramos en el viaje de ida, nos lo vamos a gastar durmiendo en la torre norte del castillo. La verdad, a quién le amarga un dulce; por eliminación, fue el elegido. 

Llegamos bien entrada la noche. Qué placer encontrarnos dos plazas de recarga vacías, una específica para Tesla (como no) y otra para el resto de vehículos eléctricos. ¡A enchufar se ha dicho!

El sábado amaneció soleado, ideal para acercarnos a las playas y acantilados de la zona. Las ganas por recorrer la costa cántabra en un coche eléctrico me hacían estar algo más inquieto, como cuando llevas mucho tiempo esperando ese día y ¡por fin llega!

¿Punto de recarga rápida en el hotel?

Mochilas en el coche y listos para arrancar. ¡Vaya! La batería está cargada pero no a tope, reviso la velocidad de carga y esta era de 3 kW (poco más de los 2.3 kW de un enchufe convencional). Me dirigí a recepción y aquí comienza la primera discusión.  No siempre las cosas son como aparentan ser. “No, si tiene que recargar a 11 kW, así cargan el resto de los coches que han venido y nuestros clientes están muy contentos”, nos dijo el recepcionista.

No olvidemos que era nuevo en esto de viajar pero llevo ya dos años cargando coches eléctricos. “Señor, mire… este coche recarga a 6.6 kw (en la toma tipo 2)“… Diálogo de sordos. Total, para dos días, a pesar de que la velocidad de carga sea “lenta” nos servirá, alguna ventaja debía tener solo disponer de 40 kW de batería.

Pero, en el caso de haber venido, por ejemplo, con un Jaguar i-Pace, otro gallo cantaría. Las 30 horas estimadas de recarga que necesitaría este SUV inglés a esa velocidad darían para mucha estancia en el hotel y muy pocas visitas al mar. 

El día pasó volando. Recorrimos kilómetros y kilómetros entre playas y carreteras secundarias con el regalo final en forma de atardecer de postal a orillas del Cantábrico. Con las fotos hechas se nos antoja ir a cenar a una localidad… ¿cercana? Suances, a 60km de nuestra ubicación. Vaya, con esto de los eléctricos, antes de decidir dónde vas, tienes que sacar la calculadora. Y vaya, no llegamos con la carga actual. Bueno, ¿no estamos de pruebas? Pues a probar se ha dicho.

Aplicación y a buscar puntos de recarga en nuestra ruta para nuestro Nissan Leaf

El Nissan Leaf dispone de un completo navegador en el que poder consultar los puntos de recarga, pero su aspecto, ¿cómo lo definiríamos? Tan primitivo en su grafismo, que preferimos usar el móvil (algo no tan raro, independientemente de la marca).

Una vez más, Electromaps es la aplicación elegida y en ella comprobamos que solo existe un punto “activo” camino de Suances, sin tener que desviarnos al menos 10km. Es un punto público en una pequeña localidad. 

En busca del punto de recarga perdido

Sábado por la tarde, al ser público, este punto de recarga no dependería de ningún horario, pensamos. Electromaps suele disponer de una información completa como velocidad de carga, tipo de enchufe o si permite reservar, así como algún teléfono de información. Llamamos pero nadie responde. Igualmente, este estaba de camino, así que decidimos ir. Total ¿qué puede pasar?

Costó encontrarlo. De hecho, imagino que habrá quién lo siga buscando a día de hoy. Por inédito que parezca, el punto señalizado como disponible no existía. En su lugar (coordenadas GPS) encontramos una zona en obras y ni rastro alguno del cajetín de recarga. 

Lamentablemente, esto es algo muy común. En más de una ocasión, como nos ocurrió recientemente en Rivas Futura, muchos puntos inaugurados por todo lo alto pasan, en total silencio, a desaparecer.

Primer intento frustrado, vamos a por el segundo

Incluimos comentario en la aplicación para que Electromaps tome nota y lo quite cuanto antes. Buscando, encontramos 5 puntos más pero ya no en nuestro camino. Tuvimos que desviarnos hacia Santander. Mejor, sin duda, en una gran ciudad. La garantía de recarga siempre va a ser mejor que en una localidad pequeñita. 

No os podéis imaginar la ilusión que te hace llegar a un punto de recarga y que exista. ¡Hasta está iluminado! Es una especie de “surtidor” que nunca había visto. Me dirijo a la gasolinera propiamente dicha y, tras preguntar, una amable empleada me acompaña. En el camino le pregunto “¿Cuánto cuesta el kilovatio/hora?”. Su respuesta fue “uy, pues creo que, 0,30 euros o son 0.50…”.

Nissan Leaf

No importa, necesito recargar. ¿Cómo funciona? pues… va con un tarjeta pero no conecta. “Espere que llamo al encargado…”, dijo. Tras unos minutos de conversación telefónica trae otra tarjeta y, no os lo vais a creer, (o sí). Tras varios infructuosos intentos, nada, la máquina no expende electrones.

“Va a tener que ir a la otra gasolinera que tenemos, está a 10 km nada más” ¡Nada más! “Pero mire que estamos tiesos de electrones ¿seguro que funciona?”. “Si, si, pero corran que cierra a las 8.30 pm”, dijo. Correr y coche eléctrico son sinónimo de pérdida de autonomía y, corriendo, nos fuimos. ¿Sabéis por qué os sigo contando nuestras desventuras?

Tercera parada en busca de la recarga perdida para nuestro Nissan Leaf

Nos envían de la otra gasolinera y preguntamos. “¿Podemos cargar unos minutos antes de que cierren?”. La respuesta, contundente: “No, el jefe no me ha traído la tarjeta y sin ella no funciona el cargador”. Algún improperio salió de mi boca pero por respeto a vosotros, nuestros lectores, no lo voy a replicar. 

¡Horror! solo tenemos autonomía para 50 km, al restaurante llegamos pero de vuelta al hotel ni empujando. En la aplicación figuraban 6 puntos de recarga en un radio de 50 km. Habíamos agotado 3 y, sin “comodín” de recarga, no queríamos seguir jugando a la e-ruleta rusa. 

Nissan Leaf

Cancelamos la cena en aquel maravilloso asador y, de vuelta al hotel en Ramales de la Victoria, cargamos en un punto IBIL de la A-8. Sin quererlo, este punto de carretera fue nuestra salvación, pudimos hacer una recarga rápida de 50 kw y nos fuimos a cenar al lugar más cercano que encontramos…abierto. Mi mujer, improvisada gestora de búsquedas, bien se merecía un buen vino para pasar el mal trago de las recargas. 

El Nissan Leaf va genial, su conducción es tan suave que puedes circular con las ventanillas bajadas, a baja velocidad mientras acaricias la costa con tus manos. Parar (sin apagar el motor) respirar y disfrutar desde el mismo coche de una vista espectacular y escuchar el ronco romper de del oleaje, no tiene precio… aunque quedarse sin poder ir a tu restaurante favorito si, quizás demasiado. No es lo mismo vivir en una zona y recargar en tu casa todos los días que depender de los puntos de vía pública. 

No hay dos sin tres

Es tarde, ya pasamos de media noche. Toca descansar, ya que al día siguiente hay que volver a Madrid. Quería intentar hacerlo en una única parada en área de Tudanca. No sabéis qué diferente es entrar a un hotel a media noche y atravesar sus jardines sin hacer el más mínimo ruido. Ni el vigilante se percató de nuestra llegada. 

Acumulamos la fatiga de todo un día fuera de casa pero mi cabeza sigue activa planeando el viaje de vuelta a una parada y algún viaje más que me va rondando. Mientras, nos acercamos en total silencio a la zona de aparcamiento del hotel para enchufar nuestro Nissan Leaf (40 kW), no queremos despertar a nadie, el castillo se divisa al fondo casi en penumbra. 

Nissan Leaf

Vamos a enchufar… A enchufar nuestro Nissan Leaf… ¿Dónde? Es sábado, fin de semana y el hotel está prácticamente lleno. Las plazas de recarga son solo dos, marcadas como tal, si, pero no cuentan con impedimento físico para que “los otros” no usurpen nuestro lugar de carga. La plaza estaba ocupada por un “quemador” de combustibles fósiles plácidamente aparcado. 

Un ama de llaves ataviada con su bata a modo de la serie los Munsters nos imploró silencio. Ante semejante personaje de ficción, el hechizo de la conducción eléctrica se acababa de romper. “¿Pero cómo voy a despertar a unos huéspedes del hotel? Tenían que haber avisado que venían a recargar”. Siguió con su película: “Pero, si yo les vi recargar esta mañana ¿acaso necesitan más carga? Nuestros clientes de esos coches… Tesla no necesitan recargar tanto…” Así, hasta el infinito de incongruencias “recargatorias”, pudimos escuchar aquella noche. 

Nissan Leaf

Nos queda claro que España, al menos por ahora, no ha acabado de asimilar ni lo que representan los coches eléctricos ni mucho menos como va esto de las recargas. Un coche eléctrico sin punto de carga se convierte en un coche discapacitado que no puede ni moverse, ni mucho menos marcharse. Así las cosas, le dijimos a la hermana de Herman Munster: “Si quiere que nos vayamos mañana, resuelva por favor el asunto, es tarde y nosotros también queremos retirarnos a nuestros aposentos”. La verdad, contábamos, como bien reza su publicidad, de un punto de recarga disponible y ¡Punto! 

La mujer se debatía entre estamparnos un candelabro o desvanecerse. Realmente se la veía con sobrecarga emocional. Decidí actual y buscar la solución. Afortunadamente el cable era largo, acerqué nuestro Nissan Leaf todo lo que pude y, en doble fila, el Plebeyo Nissan Leaf, indigno de su recarga, plegó los espejos y pasó al raso la noche. Claro con solo 40 kw/h no puede pretender ser titular de ilustre título de los Tesla, sin duda clientes de más alta… batería.  

Solo nos queda volver a casa. Sin haber concluido nuestra experiencia Nissan Leaf, ya acumulamos anécdotas para amenizar (aburrir) más de una velada entre amigos. No os perdáis nuestro viaje de vuelta ¿realmente volvimos? Lo contaremos próximamente.

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